En el extranjero la escena teatral alemana suele tener fama de estridente y narcisista. Pero es un teatro detrás del cual hay un sistema ampliamente admirado. Incluso en las ciudades de provincias existen salas de programación mixta (teatro, ópera y ballet) artísticamente interesantes que en su mayoría siguen el sistema de repertorio (no de “stagióne”), es decir, tienen en cartel varias piezas a la vez y por lo general cuentan con elencos fijos. En conjunto el panorama teatral está muy diversificado y la red de teatros públicos (estatales, regionales y municipales), teatros itinerantes y salas privadas se extiende hasta el último rincón del país. En Alemania se invierte mucho en este sistema: en términos de estímulo, atención y recursos económicos. Para muchos se trata de un lujo, máxime teniendo en cuenta que los teatros solo ingresan en taquilla entre un diez y un quince por ciento de sus gastos. El modelo ha rebasado su cenit y se halla en una difícil fase porque el arte insistentemente se mide por los condicionantes económicos.
Peter Stein es una figura única dentro del panorama teatral alemán. Considerado un “director mundial”, tiene en su haber, a diferencia de otros creadores teatrales, una obra marcada por la continuidad de unos motivos, temas, argumentos y autores recurrentes; su teatro de la memoria posee un estilo escenográfico que se debe por entero al texto. Entre la nueva generación de realizadores teatrales y un Peter Stein, un Claus Peymann, director del Berliner Ensemble, o un Peter Zadek (fallecido en 2009) hay un mundo de diferencia. El teatro contemporáneo no se puede abarcar ya con el vocabulario de esta generación, que creó el llamado “teatro de director”. Términos como concienciar, sensibilizar, adoctrinar, desenmascarar, implicarse, significarse o intervenir suenan a caduco. Y el propio público ya no se altera por nada, las provocaciones teatrales casi siempre se quedan en nada y muchas veces no son sino ataques rutinarios contra convenciones periclitadas. El teatro que hacen los jóvenes no se concibe ya como vanguardia; busca formas de expresión autónomas. Dentro de esta línea, desde el cambio de milenio ha aumentado enormemente el número de estrenos de autores actuales. De calidad muy desigual, muestran todo el abanico de las formas de representación contemporáneas; el teatro tradicional se mezcla con pantomima, danza, secuencias fílmicas y música, dando lugar a combinaciones siempre nuevas. Es significativo que estas piezas, a menudo muy abiertas y marcadas por la improvisación, suelan denominarse “instalación dramática” o “adaptación escénica”.
Frank Castorf, intendente de la Freie Volksbühne de Berlín, descompone y recompone una y otra vez los textos en una suerte de montaje-desmontaje permanente, lo que le convierte en uno de los grandes referentes de la generación de los realizadores más jóvenes. Otros exponentes de esa nueva concepción del teatro y de la búsqueda de formas de expresión renovadas para reflejar adecuadamente el entorno del capitalismo globalizado y un mundo vital y vivencial dominado por los medios electrónicos son Christoph Marthaler y Christoph Schlingensief. Michael Thalheimer está considerado un experto en temas intrincados capaz de condensar la esencia última de las cosas. Armin Petras, Martin Kusej o René Pollesch han elaborado dramaturgias que priman el estilo sobre el argumento; los tradicionales modos de narración y expresión próximos al texto les resultan en buena medida ajenos. Contra este tipo de propuestas se elevan asiduas críticas, lo cual también es signo de la vitalidad del panorama teatral, por profundas que sean las discrepancias.
El teatro tiene el vigor de sobrevivir a un destripador de piezas como Frank Castorf y, paralelamente, aclamar minuciosas acotaciones escénicas que lo fían todo a la fuerza interpretativa de los actores. La diversidad de propuestas patente año tras año en el Encuentro Teatral de Berlín se puede entender por una parte como manifestación de una creciente perplejidad y, por otra, como respuesta polifónica a los interrogantes de una realidad ultracompleja.