La pintura y la fotografía alemanas vienen cosechando importantes éxitos internacionales desde la década de los noventa del siglo XX. En el extranjero el nuevo milagro pictórico alemán se conoce bajo la etiqueta “Young German Artists”. Los creadores proceden de Leipzig, Berlín o Dresde. Neo Rauch es el representante más destacado de la “Nueva Escuela de Leipzig”. Su estilo se caracteriza por un realismo de nuevo cuño, desarrollado –sin adherencias ideológicas– a partir de la vieja “Escuela de Leipzig”, inscrita en el arte de la RDA. Los cuadros representan a personas casi siempre demacradas que parecen aguardar algo indeterminado, lo cual se puede interpretar como un reflejo de la tesitura y las circunstancias imperantes en Alemania en los albores del nuevo milenio. El llamado „Pop de Dresde“, entre cuyos principales representantes se cuenta Thomas Scheibitz, retoma las propuestas de la publicidad y la estética de la televisión y el vídeo y juega con una estética de la autoconfirmación frente al aquí y ahora.
Para la mayoría de los artistas más jóvenes el enfrentamiento crítico con la época del nazismo, tal como se encuentra por ejemplo en las obras de un Hans Haacke, un Anselm Kiefer o un Joseph Beuys, pertenece al pasado. Antes bien, en la escena artística actual se perfila una “nueva interioridad”, unida a la exploración de mundos experienciales antagónicos: en las obras de Jonathan Meese y André Butzer se reflejan depresiones y fenómenos obsesivos; ambos creadores se adscriben al “realismo neurótico”. Franz Ackermann tematiza con sus “Mental Maps” el mundo de la aldea global y remite a las catástrofes detrás de la fachada. Tino Sehgal, cuyo arte solo existe en el momento mismo de la performance y está prohibido grabar o reproducir de cualquier forma, busca nuevos cauces de producción y comunicación más allá de la economía de mercado.
El interés que existe en Alemania por el arte también queda demostrado en la documenta, la mayor exposición de arte actual del mundo, que se celebra cada cinco años en la ciudad de Kassel. La documenta 13 abrirá sus puertas el 9 de junio de 2012. A diferencia de las artes plásticas, cuya importancia viene subrayada por el auge de los flamantes proyectos museísticos de titularidad privada, la fotografía tuvo que luchar durante mucho tiempo para ser reconocida en Alemania como un género artístico autónomo. En la década de los setenta desempeñó un papel pionero Katharina Sieverding, que a través de sus autorretratos escruta la frontera entre el individuo y la sociedad. La eclosión definitiva llegó en la década de los noventa de la mano del éxito que alcanzaron tres alumnos de la prestigiosa pareja de fotógrafos Bernd e Hilla Becher en la Academia de Bellas Artes de Düsseldorf: Thomas Struth, Andreas Gursky y Thomas Ruff escenifican en sus fotografías una realidad de papel cuché con doble fondo y su repercusión en la evolución estilística del género es tal que internacionalmente se les conoce por el acrónimo „Struffsky“.