Verdad, belleza y bondad – la escena cultural en Alemania
El país de los pensadores y poetas. Alemania ha dado figuras como Goethe, Bach y Beethoven. Pero a pesar de ser una nación cultural, en Alemania realmente no existe una competencia nacional en materia de cultura. La Constitución alemana establece que la cultura es competencia de los Estados Federados. ¿A qué se debe pues que en Alemania los asuntos de la cultura no sean algo que la nación pueda o deba regular como un todo? Como manifestación de una nación alemana, desde la era del Imperio guillermino de finales del siglo XIX la cultura alemana fue sospechosa de megalomanía. Finalmente, la catástrofe del nacionalsocialismo condujo a una consecuente reorientación. Tras la Segunda Guerra Mundial se impuso la percepción de que Alemania solo podría retornar al seno de la comunidad internacional si evitaba cualquier atisbo de exaltación cultural de tinte nacional. En 1949, al fundarse la República Federal de Alemania, se rescató la tradición federal y la soberanía cultural se dejó en poder de los Estados Federados. El cargo de Ministro adjunto de Cultura y Medios, directamente subordinado al jefe del Gobierno central en Berlín, no se instituyó hasta 1999. Desde entonces en Alemania algún que otro asunto cultural vuelve a plantearse en su vertiente nacional.
El fomento del cine ha sido objeto de una reorganización, asimismo se ha creado la Fundación Cultural de la Federación. Dentro de este proceso Berlín ha venido consolidándose como imán de la creatividad y entre tanto se ha constituido en un auténtico “campo de fuerza” cultural, un crisol de culturas en cuyos museos se condensa la historia de la humanidad en su conjunto. El Monumento en memoria de los judíos asesinados de Europa levantado en la capital es una muestra de cómo Alemania encara su pasado y de lo que supone una política cultural nacional a la altura del siglo XXI. A su vez, el federalismo cultural despierta las ambiciones de los distintos Estados Federados, porque la política cultural es una política de localización. Por ejemplo, la Cuenca del Ruhr, en Renania del Norte-Westfalia, antaño marcada por la industria del carbón y el acero, ha sido protagonista de un profundo proceso de modernización y es hoy un foco cultural de primer orden, como lo atestigua la capitalidad cultural europea Ruhr 2010.