Tras la Segunda Guerra Mundial se desarrolló un panorama científico con un grado de diversificación sin precedentes, que volvería a verse reforzado por la reunificación alemana en 1990. Quien quiera cursar hoy una carrera superior en Alemania puede elegir entre unos 370 centros repartidos por todo el territorio federal. Los hay de todo tipo, venerables o futuristas, pequeños y plácidos o grandes y palpitantes, pero en cualquier caso prácticamente todas las principales ciudades alemanas disponen de su propia institución de educación superior. Solo en Renania del Norte-Westfalia se contabilizan 18 universidades en sentido estricto y centros con régimen de doctorado, 33 universidades de ciencias aplicadas (FH) y centros sin régimen de doctorado y nueve escuelas superiores de bellas artes y música. Muchos de estos centros fueron fundados en los años sesenta y setenta del siglo XX, la época de la gran expansión universitaria. Por aquel entonces el número de alumnos se quintuplicó en un plazo de dos decenios, siendo especialmente notable el fuerte crecimiento del número de alumnas. Hoy en día las mujeres ya casi han alcanzado a sus compañeros masculinos en cuanto al número de matriculaciones. Actualmente estudian en Alemania unos dos millones de jóvenes. En 2009 la tasa de jóvenes que acceden a la educación superior se situó en el 43,3% del respectivo grupo de edad. Con una tasa de abandono de los estudios superiores de tan solo el 23% Alemania tiene una posición líder a nivel internacional y también ocupa un puesto muy destacado por el número de doctorados: el 2,3% de cada promoción obtiene este título.<//font>
A diferencia también de otros muchos países, en Alemania las universidades privadas tienen un protagonismo comparativamente escaso: más del 90% de los alumnos cursa la carrera en instituciones de carácter público. Estos centros trabajan bajo la supervisión y gestión del Estado y están abiertos a todos los estudiantes en posesión del Abitur (título final de bachillerato) o equivalente. Desde los años setenta del siglo XX se han fundado, en paralelo a los centros superiores dependientes del Estado o las Iglesias, numerosas instituciones de enseñanza superior autónomas –no dependientes del Estado– y no confesionales que se financian por medio de tasas académicas y donaciones.