Fueron figuras de la talla de Humboldt y Einstein, Röntgen y Planck las que asentaron la fama de Alemania como “país del estudio y del saber” y como país de ingenieros e inventores. Ya en la Edad Media los “escolares” de media Europa peregrinaban a las por entonces recién fundadas universidades de Heidelberg, Colonia o Greifswald. Más adelante, tras la reforma universitaria impulsada por Wilhelm von Humboldt (1767–1835), Las universidades alemanas incluso encarnaron el ideal del mundo académico por su nivel de excelencia. Humboldt concibió la universidad como lugar dedicado a la búsqueda independiente del conocimiento. La investigación y la docencia debían formar una unidad.
Para llegar a ser alguien en el mundo científico había que pasar un tiempo en un laboratorio o aula alemanes. A principios del siglo XX los científicos alemanes acaparaban un tercio de todos los Premios Nobel. Sus innovaciones transformaron el mundo: la teoría de la relatividad y la fisión nuclear, el descubrimiento del bacilo de la tuberculosis o los rayos X son buena muestra de esa pujanza científica.