Las montañas de la Selva de Turingia enmarcan una de las rutas senderistas más hermosas de Alemania, el “Rennsteig”, de 169 kilómetros de longitud. Forma parte de la imagen de marca del Estado Federado, al igual que las deliciosas salchichas asadas, la histórica fortaleza de la Wartburg o los príncipes de las letras Goethe y Schiller, que convirtieron a Weimar en el olimpo del clasicismo alemán. Pero Turingia no solo tiene una rica tradición culinaria y literaria, siempre fue a la vez una región de investigadores. En Jena Zeiss y Schott crearon la industria óptica moderna. Hoy día Jenoptik es de nuevo una de las empresas más importantes de la región, junto con el fabricante de automóviles Opel y el constructor de turbinas de avión Rolls- Royce. Sin embargo, en Erfurt, capital del Estado Federado, también gustan de referirse a la floreciente biotecnología y a la tecnología solar, toda vez que cuatro universidades ofrecen estas carreras con un alto grado de excelencia.
Turingia, situada en el centro geográfico del país, limita con cinco Estados Federados y es conocida como el “corazón verde” de Alemania por la sucesión de profundos bosques, vastos pastizales, bucólicos valles y románticos desfiladeros que caracteriza sus pintorescos paisajes. La mitad de la superficie de Turingia se dedica a la agricultura; los suelos tienen una gran calidad media, cultivándose principalmente cereales, colza, papa y remolacha azucarera.
Sin embargo, no hay que olvidar que la industrialización de Alemania durante el siglo XIX se inició en Turingia y Sajonia, siendo los sectores más importantes la minería (potasa), la porcelana, el vidrio, los juguetes y sobre todo la fabricación de máquinas-herramientas y la industria óptica. Turingia ha recobrado esas tradiciones. Tras la desaparición de la RDA, la región ha desarrollado nuevas estructuras acordes con los mercados, que le han permitido atraer tecnologías con proyección de futuro. Por ejemplo, tras su saneamiento la “Jenoptik” ha logrado afianzarse como consorcio de alta tecnología con presencia en los mercados mundiales.
En Gera y Erfurt predomina la construcción de maquinaria. En la capital del Estado Federado también existe una importante industria microelectrónica. En Eisenach destaca tradicionalmente la fabricación de automóviles. Turingia dispone de una tupida red de instituciones científicas, que incluye cuatro universidades, varias universidades de ciencias aplicadas, unos cincuenta centros de investigación y veinte centros tecnológicos.
Infinidad de castillos, palacios, museos, teatros y galerías dan testimonio de la cultura y el arte de la región. Monumentos arquitectónicos de la época de la Escuela Bauhaus o parajes como la Kyffhäuser atraen cada año a gran cantidad de turistas. Y por supuesto la región está indisolublemente unida a los nombres de Bach, Goethe, Schiller y Wieland o a lugares como el castillo de la Wartburg y Weimar.
Weimar, pequeña ciudad de gran importancia cultural y política, es la cuna del clasicismo alemán, primera sede de la Bauhaus y el lugar donde, en 1919, se proclamó la primera Constitución republicana de Alemania. La Wartburg domina el casco viejo de Eisenach, famosa por su pintoresco mercado. Según la tradición, en la Edad Media se celebraron en este imponente castillo memorables justas poéticas. Aquí fue donde Martín Lutero tradujo en 1521/22 el Nuevo Testamento al alemán. En Gera es visita obligada el conjunto histórico de la Plaza del Mercado. Erfurt, capital del Estado Federado y a la vez centro administrativo y terciario, atesora en su casco histórico un formidable patrimonio de casas palaciegas, iglesias y conventos. En el hermoso valle del Saale se halla la ciudad universitaria de Jena, centro de la industria óptica.