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La Guerra Fría

Muy pronto Alemania se convirtió en el país donde más palmariamente se manifestaría la incipiente Guerra Fría. Los sistemas sociales occidentales y socialistas evolucionaron de modo diametralmente opuesto. Con ayuda de la cúpula del Partido Comunista Alemán, retornada del exilio en Moscú, la potencia de ocupación soviética impuso en la parte oriental de Alemania una “revolución democrática antifascista”, de resultas de la cual el control de todas las funciones clave a nivel político y social pasó a los comunistas y sus seguidores. Walter Ulbricht, líder de los comunistas, lanzó la consigna a seguir: “La cosa tiene que tener apariencia democrática, pero todo ha de estar en nuestras manos.” En las distintas zonas de ocupación se pusieron en marcha partidos y órganos administrativos centrales. En las zonas de ocupación occidentales la reactivación de la administración política se hizo de abajo hacia arriba. En una primera etapa los partidos políticos solo se autorizaron a nivel local; tras constituirse los primeros Estados Federados (Länder) también fueron autorizados para operar a este nivel. Sólo mucho más adelante también pudieron organizarse a escala zonal. El grado de estructuración de los órganos administrativos a nivel zonal también fue muy rudimentario al principio, pero la miseria material del país, reducido a escombros, requería una cooperación más allá de los límites de los Estados Federados y de las zonas. En vista de que la administración de las cuatro potencias no era operativa, en el año 1947 los Estados Unidos de América y Gran Bretaña decidieron unir sus dos zonas en una bizona.

 

Un paso especialmente notorio hacia la división alemana fue la fusión forzosa del Partido Comunista Alemán (KPD) y del Partido Social-demócrata (SPD) en la zona de ocupación soviética en el mes de abril de 1946, de la cual surgió el Partido Unitario Socialista (SED), y la simultánea unificación de todos los demás partidos políticos en un bloque de partidos bajo liderazgo comunista. Pero también se evidenció un cambio de actitud por parte occidental. El 6 de septiembre de 1946 el Secretario de Estado norteamericano James Byrnes pronunció en Stuttgart un discurso que supuso un auténtico punto de inflexión. Las líneas fronterizas de Polonia fueron calificadas de meramente provisionales y la presencia de los aliados occidentales en Alemania ya no respondía a su papel de potencias de ocupación sino que traducía su función de protección frente al avance del comunismo. Una vez que los franceses se convencieron de las ventajas de intensificar la cooperación, las tres potencias occidentales crearon la trizona como área económica occidental uniforme.

 

El compromiso inherente al estatuto de potencias protectoras se vio sometido a una dura prueba cuando José Stalin, jefe del Estado y del Partido de la Unión Soviética, utilizó la puesta en circulación del marco alemán (DM) en la trizona como pretexto para forzar la anexión de Berlín occidental a la zona de ocupación soviética mediante un bloqueo de la ciudad. En la noche del 23 al 24 de junio de 1948 los soviéticos interrumpieron todas las comunicaciones terrestres entre las zonas de ocupación occidentales y Berlín-Oeste y suspendieron el abastecimiento de energía y alimentos a los barrios occidentales de la ciudad desde la zona de ocupación circundante.

 

La respuesta de los aliados consistió en organizar un puente aéreo con un despliegue de medios sin precedentes, gracias al cual la población de Berlín occidental fue abastecida hasta el mes de mayo de 1949. Los cariñosamente llamados “bombarderos de golosinas” transportaron en más de 277.000 vuelos 2,3 millones de toneladas de alimentos, medicamentos, combustibles y material de construcción a la ciudad, que sobrevivió gracias a estos suministros. A través de su tangible adhesión a Berlín como avanzadilla de la política y de las formas de convivencia occidentales, los Estados Unidos patentizaron a la vez su poderío y su determinación.