Los combustibles fósiles siguen siendo el componente primordial de la matriz energética de los hogares, el transporte y la industria: el petróleo, con algo más de un tercio, es la principal fuente de energía primaria; le siguen el gas natural, el lignito, la hulla y la energía nuclear. Según los planes del Gobierno Federal, la energía nuclear (aprox. 9%) se irá desmantelando escalonadamente y será sustituida por energías renovables. La política estatal de fomento, iniciada a principios de los noventa, hace atractivo y rentable el uso de las energías renovables. La Ley de Energías Renovables (EEG) es un programa de incentivos de mercado destinado a consolidar la implantación de las energías renovables que está considerado como motor del auge de las fuentes de energía sin impacto en el clima y cuyos elementos esenciales han sido asumidos por numerosos países. La potenciación de las energías renovables y una mayor eficiencia energética constituyeron asimismo el núcleo de lo acordado por la coalición de gobierno sobre la materia en 2009. En la primavera de 2011 el Gobierno Federal alemán aprobó un “cambio energético”, articulado en torno al abandono acelerado de la energía nuclear. En virtud de una reevaluación de los parámetros de seguridad como consecuencia de la catástrofe nuclear de Fukushima (Japón), se cerraron inmediatamente las ocho centrales nucleares más antiguas de las en total 17 que estaban operativas en Alemania. Además, el Bundestag aprobó por gran mayoría un calendario que prevé desconectar definitivamente los nueve reactores restantes para el año 2022. Por tanto, en un plazo de once años la energía nuclear, que en 2011 todavía suministraba cerca del 18% de la electricidad consumida, será reemplazada de forma fiable a base de energías renovables, la ampliación de la red eléctrica y nuevos depósitos de electricidad ecológica, entre otras medidas. Según lo previsto, en el año 2020 el 35% de la electricidad procederá de energías renovables. En el año 2050 está previsto alcanzar el 80%. En Alemania la “electricidad verde” ya había registrado una formidable expansión antes del “cambio energético”: su porcentaje había aumentado del cinco por ciento en 1990 al 20% en 2011.