La cooperación climática internacional, una necesidad
Alemania se considera abanderado de la protección del medio ambiente y el clima. Con su objetivo autoimpuesto, se ha situado a la cabeza a nivel mundial. Ningún otro país industrializado equiparable dispone de un programa ambiental con un grado de ambición y concreción similares: El Gobierno Federal tiene el propósito de reducir las emisiones de GEI en un 40% de aquí a 2020 en comparación con los niveles de 1990. En paralelo está previsto promover consecuentemente la expansión de las energías renovables y seguir mejorando la eficiencia energética. La meta es que las energías renovables sean la base principal del abastecimiento energético. Asimismo, Alemania ha contribuido decisivamente a incluir la temática del medio ambiente y la protección del clima en la agenda internacional. Fiel a esta línea, durante sus presidencias de la UE y del G-8 en 2007 Alemania concedió atención prioritaria a los objetivos de protección del clima y a la política energética. El Consejo Europeo de marzo de 2007, en el que se adoptaron ambiciosos acuerdos en materia de reducción de GEI, y la Declaración de la Cumbre del G-8 celebrada en Heiligendamm, en la que los Jefes de Estado y de Gobierno se comprometieron a “considerar seriamente” la meta de reducir a la mitad las emisiones de GEI para el año 2050, fueron pasos importantes para dar una respuesta global al cambio climático. La Cumbre Mundial sobre el Clima celebrada en Bali a finales de 2007 sentó las bases para el “proceso post-Kyoto”, en cuyo marco los países industrializados afirmaron su voluntad de intensificar sus medidas y los países en vías de desarrollo y los países emergentes se incorporaron activamente a la tarea de la protección del clima. Es éste un factor clave porque, según los pronósticos del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), las emisiones mundiales de CO2 deben reducirse a la mitad hasta el año 2050 para que el calentamiento del clima permanezca controlable durante este siglo. Se trata de evitar que la temperatura media del planeta aumente más de dos grados centígrados, lo cual de todos modos no se puede lograr solo sobre la base del Protocolo de Kyoto, que expira en 2012. Pero el plan de aprobar ya en la cumbre del clima de 2009 en Copenhague un nuevo protocolo en sustitución del de Kyoto se vio abocado al fracaso. Así y todo, la comunidad internacional formuló como objetivo deseable que el calentamiento del planeta se limite a un máximo de dos grados centígrados por encima del nivel de la era preindustrial. Sin embargo, en la cumbre no fue posible fijar objetivos vinculantes para la reducción de las emisiones de CO2. Los compromisos de reducción anunciados en el Acuerdo de Copenhague no son suficientes para alcanzar la meta de los dos grados. Más de cien países, que juntos son responsables de más del 80% de las emisiones de GEI, han comunicado a la Secretaría del Clima de la ONU en Bonn sus objetivos climáticos nacionales, tal como se acordó en Copenhague. Dichos objetivos todavía no bastan para alcanzar la meta de los dos grados. La UE es precursora en este campo y se ha declarado dispuesta a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero como el CO2 en como mínimo un 20% en comparación con 1990 o, respectivamente, en un 30% si otros países industrializados se comprometen a reducciones equivalentes. Está previsto aumentar el porcentaje de las energías renovables hasta el 20% y reducir el consumo de energía otro 20% mediante una mayor eficiencia energética. La aplicación del pacto climático y energético de la UE en los 27 Estados miembros se efectúa con arreglo a un sistema de cuotas nacionales. Alemania contribuirá sobreproporcionalmente a la reducción de los GEI. A pesar de las dificultades existentes para alcanzar compromisos, el Gobierno Federal sigue propugnando un régimen internacional de protección del clima y un nuevo orden climático mundial. La Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CP 17) celebrada en Durban (Sudáfrica) en diciembre de 2011 supuso un avance con miras a un protocolo post-Kyoto, ya que se acordó negociar un nuevo instrumento de protección global del clima para el año 2015, que entrará en vigor a partir del 2020 y también contendrá objetivos de emisión obligatorios para los Estados Unidos de América y los países emergentes. El Protocolo de Kyoto, que habría expirado en 2012, se prorroga por un segundo período de validez, si bien no participarán Canadá, Japón ni Rusia. El volumen de reducción de emisiones de CO2 aún está por fijarse.