La protección del medio ambiente y del clima es uno de los desafíos globales del siglo XXI y ocupa un lugar prioritario en la política alemana, en los medios y en la sociedad civil. A nivel internacional Alemania está considerada como un país a la vanguardia de la protección del clima y pionero en la implantación de las energías renovables. En 2011 Alemania fue el primer país industrializado en decidir el abandono definitivo de la energía nuclear. El Gobierno Federal promueve activamente la protección ambiental, las estrategias de desarrollo respetuosas con el clima y las cooperaciones energéticas y concibe sus esfuerzos desde una óptica global. La Secretaría que acompaña la aplicación de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático tiene su sede en la ciudad federal de Bonn. Desde 1990 Alemania ha reducido sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) en casi un 24%, cumpliendo sobradamente los compromisos adquiridos en virtud del Protocolo de Kyoto, que entró en vigor en 2005 y preveía alcanzar una reducción del 21% para 2012. En el Índice de Protección Climática 2011 de Germanwatch Alemania ocupa uno de los primeros puestos. Hace años que Alemania sigue un camino que conjuga la protección climática y ambiental en aras de una economía sostenible. La clave de este modelo estriba en el incremento de la eficiencia energética y la expansión de las energías renovables y las materias primas renovables (MPR).
Desde 1994 la protección de la naturaleza está consagrada como objetivo del Estado en el Artículo 20a de la Ley Fundamental. Una naturaleza intacta, un aire puro y unas aguas limpias son condiciones necesarias para una calidad de vida y una calidad ambiental elevadas en Alemania. En lo concerniente a la limpieza del aire y de las aguas los indicadores ecológicos apuntan una evolución positiva. Desde 1999 se registra un descenso de las emisiones de GEI originadas por el transporte, y ello a pesar de que ha aumentado considerablemente el volumen de tráfico: en la actualidad se sitúan por debajo de los niveles de 1990. Las emisiones de óxido nitroso se han reducido en torno al 50% debido, entre otras razones, a que los vehículos de motor van equipados con catalizadores. Gracias a la desulfuración de los gases de combustión, prescrita por ley, las emisiones de dióxido de azufre de las centrales de hulla y lignito han disminuido un 90%. También ha descendido el consumo per cápita diario de agua potable, que ha pasado de 144 litros por habitante a 121 litros (la segunda cifra más baja entre los países industrializados).