Paralelamente a todo ello, los esfuerzos e iniciativas de Alemania se centraron asimismo en la configuración de la política exterior, de seguridad y defensa en el marco de los tratados de la UE y en la intensificación gradual de la cooperación en los ámbitos de la justicia y los asuntos de interior y la seguridad interna. En ambos planos se lograron avances considerables, aunque no respondieran a la comunitarización y el “gran envite” como fórmulas clásicas de la integración. Desde la óptica de la política alemana hacia la UE el Tratado de Lisboa reúne lo pragmáticamente posible en una UE cuyos 27 miembros actuales presentan situaciones económicas y políticas mucho más dispares, intereses y necesidades mucho más diversos y actitudes sobre el futuro de la integración mucho más abiertas de lo que fue el caso en todas las etapas anteriores del proceso de integración europea.
Tras el estancamiento de 2007, el consenso acerca de la reforma de los tratados comunitarios se logró situar sobre una nueva base bajo la presidencia alemana de turno. Los resultados reflejan aspiraciones esenciales para Alemania: La extensión del sistema de votación por mayoría cualificada en el Consejo y la codecisión del Parlamento Europeo, la integración de la Carta de los Derechos Fundamentales de la UE y la introducción de la iniciativa ciudadana son pasos importantes para fortalecer la capacidad de decisión de la UE y asegurar la participación democrática. Con el Alto Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, que ostenta la presidencia del Consejo de Ministros de Asuntos Exteriores, y la creación del Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE), en el que se agrupan las tareas de política exterior de la Comisión y el Consejo, el Tratado de Lisboa refuerza notablemente la presencia y el papel internacionales de la UE. La política alemana hacia la UE ha venido respaldando sin reservas la profundización de la integración, su ampliación hacia el Norte, el Sur y el Este y su institucionalización. Los alemanes quieren una Europa que tenga capacidad de actuación y a la vez sea democrática y transparente, lo cual implica que el Parlamento Europeo se vea fortalecido en sus funciones y exista una clara delimitación de competencias. Por lo demás los alemanes cubren, en correlación a su producto interior bruto, alrededor del 20% del presupuesto de la UE.