La política exterior bajo el signo de la globalización
Bajo las coordenadas del antiguo orden mundial la política exterior alemana difícilmente habría podido ajustar con tanta soltura sus prioridades esenciales, por cuanto Alemania dependía en grado sumo de las garantías de seguridad estadounidenses. Sin embargo, en el transcurso de los últimos veinte años la situación ha cambiado visiblemente, como evidencia el que tanto el Canciller Schröder, en 2002, como la Canciller Merkel, en 2009, hicieran hincapié –ante el Bundestag Alemán y con los EE.UU. como destinatarios del mensaje– en que “los asuntos esenciales de la nación alemana se deciden en Berlín”. No se cuestionan las relaciones transatlánticas en general ni la OTAN en particular, y tampoco se da a entender que esté previsto iniciar un repliegue del compromiso internacional, inclusive en el terreno militar. No obstante, Alemania se ha aproximado al límite de lo factible. De ahí que en su acuerdo de coalición el nuevo Gobierno Federal formado por la CDU/CSU y el FDP en octubre de 2009 pactara una “cultura de la contención” en la tradición de la política exterior y de seguridad alemana. Lo cierto es que desde los umbrales del siglo han estado permanentemente desplegados en misiones alrededor del mundo hasta 10.000 efectivos de la Bundeswehr, las Fuerzas Armadas Federales, y desde 1999 incluso en operaciones de combate contra agresores, terroristas y piratas. Alemania participa en misiones de paz de las Naciones Unidas (ONU) tanto directamente como dentro del marco de la UE y la OTAN. La contribución militar y policial se concentra en las operaciones de la OTAN y la UE bajo mandato de la ONU en los Balcanes (KFOR, EUFOR, ALTHEA, EULEX) y en la difícil misión de la ISAF en Afganistán. Además, como tercer contribuyente más importante al presupuesto ordinario de las misiones de mantenimiento de la paz de la ONU, Alemania realiza un aporte destacado a la financiación de las misiones de cascos azules.