El mundo globalizado seguirá suponiendo un reto para Europa. La UE limita con regiones de escasa estabilidad. Las coaliciones y constelaciones políticas predominantes irán cambiando, la capacidad de compromiso se verá puesta a prueba a la hora de lograr un nuevo equilibrio de intereses y demandas. Ello exige una política de desarrollo confiable y un enfoque asociativo que abarque a los Estados ribereños del Mediterráneo. La actuación conjunta en el ámbito de una Política Energética y Climática Europea o ante la crisis financiera es una condición previa para salvaguardar los intereses y aspiraciones tanto de Alemania como de los demás Estados miembros. Hoy en día el bienestar y la seguridad, clásicos y fundamentales ámbitos de actuación del Estado, ya no pueden garantizarse sin el concurso de la UE.