Alemania es el país más poblado de la Unión Europea. Tiene cerca de 82 millones de habitantes, más de la sexta parte de los cuales vive en Alemania oriental, el territorio de lo que fue la desaparecida RDA. En el norte y el este del país habitan las minorías danesa, frisona, romaní y sinti y el pueblo sorabo (o sorbio), cada cual con su propia cultura, lengua, historia e identidad.
Desde el auge posbélico de la década de los cincuenta la economía alemana necesita mano de obra inmigrante. La mayoría de los emigrantes, por entonces llamados “trabajadores invitados”, han retornado a sus países de origen en el sur y el sudeste de Europa, pero un buen número sigue viviendo y trabajando en Alemania. También permanecen en el país muchos de los turcos que inmigraron posteriormente. De este modo Alemania ha dejado de ser un país de captación de inmigrantes para convertirse paulatinamente en un país con inmigración dirigida. Un segundo grupo de inmigrados notablemente numeroso es el de los inmigrantes de origen alemán procedentes de Europa del Este (oriundos retornados); establecidos desde hacía muchas generaciones en los países de la antigua Unión Soviética, en Rumanía y en Polonia, fueron retornando sobre todo a raíz del desmoronamiento de los sistemas comunistas.
Actualmente viven en Alemania más de 15 millones de personas con trasfondo migratorio, grupo que, según la definición de la Oficina Federal de Estadística, incluye a todos los inmigrantes y a los hijos nacidos en Alemania de padre o madre inmigrados; siete millones de ellos son extranjeros y unos ocho millones poseen la nacionalidad alemana, bien por naturalización bien por pertenecer a los cuatro millones de oriundos retornados. Por detrás de estos últimos, el grupo más numeroso es el de los inmigrantes turcos, con 2,5 millones de personas, seguido de los ex yugoslavos (1,5 millones). El número de musulmanes se estima en cuatro millones.
Muchos inmigrantes trabajan de peones, porque en su día Alemania reclutó básicamente mano de obra no cualificada. Diversos estudios revelan que las familias inmigrantes tienen dificultades de ascenso social y progreso económico. Con todo, en los dos últimos decenios se han logrado avances en la integración de los inmigrantes: a saber, se han suavizado los requisitos para adquirir la nacionalidad alemana; los contactos entre inmigrados y alemanes son más intensos; la aceptación de la diversidad etnocultural ha ido en aumento. Y la Ley de Inmigración de 2005 es la primera normativa con rango de ley que regula todos los ámbitos de la política de migración.
El Gobierno Federal presta atención prioritaria a la integración de las personas con trasfondo migratorio. Los esfuerzos se focalizan en la incorporación al mercado laboral, considerándose clave la educación y el fomento del aprendizaje de la lengua alemana. Desde 2006 la Canciller Federal Angela Merkel convoca anualmente una cumbre de la integración, en la cual participan representantes de todos los grupos sociales relevantes, incluidas las organizaciones de inmigrantes. De la primera cita emanó, en 2007, el Plan Nacional de Integración, cuya aplicación se revisa periódicamente. Contiene objetivos concretos y más de 400 medidas de actores estatales, económicos y sociales, como la creación de una red de patrocinio educativo, en la cual más de 5.000 patrocinadores apoyan la formación escolar y profesional de hijos de familias inmigrantes. Más de 500 empresas y organismos públicos que agrupan a más de cuatro millones de empleados se han adherido a la Carta de la Diversidad. Conciben la diversidad como oportunidad y se han comprometido, por ejemplo, a ofrecer mejores posibilidades formativas a los jóvenes con trasfondo migratorio.