La sociedad alemana es una sociedad moderna y abierta: la mayor parte de la población dispone de una buena formación, un nivel de vida elevado en términos comparativos y notables márgenes de autonomía individual. Sin embargo, de forma similar a otras grandes naciones industriales, la sociedad alemana se enfrenta al reto de resolver los problemas asociados a la evolución demográfica, en particular el envejecimiento de la población. Además, transcurridos veinte años desde la reunificación tampoco se han superado del todo las consecuencias sociales de la división alemana. Al hilo de la globalización Alemania ha evolucionado hacia una sociedad de inmigración moderna con una creciente diversidad etnocultural y redoblado sus esfuerzos para integrar adecuadamente a los inmigrantes en la sociedad de acogida. El cambio socioeconómico de los últimos años, acelerado por las secuelas de la crisis económica y financiera mundial, ha conducido a la aparición de nuevas situaciones de riesgo social y una perceptible mayor fragmentación de las condiciones económicas de vida de la población. El último informe sobre pobreza y riqueza del Gobierno Federal señala que uno de cada cuatro alemanes es pobre o tiene que recibir ayudas estatales para no caer en la pobreza. Según la definición que se utiliza en los presupuestos de la UE, “pobre” es quien dispone de menos del 60% de la renta media. Para una persona que vive sola, ese umbral se sitúa hoy en unos 780 euros netos al mes.