La alta costura alemana es una referencia en las pasarelas internacionales. Nombres como Karl Lagerfeld, el cerebro creativo de Chanel, y Wolfgang Joop, artífice de la marca “Wunderkind Couture”, se cuentan desde hace décadas entre los actores globales del sector de la moda. La generación de los diseñadores más jóvenes, encabezada por Bernhard Willhelm, Markus Lupfer, Stephan Schneider y Daniela y Annette Felder, triunfa en París, Londres, Amberes y Nueva York.
Berlín se consolida como gran plataforma de tendencias. La Berlin Fashion Week y el certamen de moda urbana Bread & Butter congregan dos veces al año al mundo de la moda; unas 700 marcas hacen sombra a París o Londres. Los diseñadores de moda alemanes juegan con distintas identidades y tradiciones y desde la reunificación del país han encontrado un estilo propio y original que pisa fuerte. Pero la moda tiene muchas facetas, va desde lo informal y desenfadado hasta lo elegante y purista y no rehuye lo colorista y poético. En la vida cotidiana la norma es más bien permanecer con los pies en el suelo. Junto a la ropa de negocios formal se prefiere la ropa deportiva ligera, por ejemplo de Boss o de Gabriele Strehle para Strenesse. Ambas marcas tienen su sede en el sur de Alemania pero hace tiempo que han consolidado su presencia en los mercados mundiales. En Alemania la gente a la moda suele valorar más la creatividad y el toque personal que los símbolos de status. Según datos de la asociación GermanFashion, Alemania es el segundo exportador de moda del mundo, pero hay empresas alemanas como Cinque, Oui, Marc Cain, René Lezard o Windsor que a primera vista no se identifican con el país porque las marcas juegan al despiste. Las empresas de moda alemanas fueron de las primeras en apostar por la “moda verde”, que valoriza la sostenibilidad y el comercio justo.
La imagen del diseño alemán de productos se asocia a creaciones muy pensadas, de líneas claras y máxima funcionalidad. El diseño made in Germany, desde las cocinas Bulthaup hasta las afeitadoras de viaje Braun, goza de enorme prestigio internacional. Fabricantes de muebles como Wilkhahn y Vitra, de artículos de escritorio como Lamy o de lámparas como Erco confirman que, hoy como ayer, las empresas alemanas crean estilo. Las tradiciones inauguradas por la Bauhaus en los años veinte y la Escuela Superior de Diseño de Ulm en los cincuenta siguen siendo referencia obligada, pero hace tiempo que también se ha hecho un nombre una nueva generación de mucho empuje. A ella pertenece Konstantin Grcic. Este muniqués confiere a utensilios totalmente insustanciales una insólita aura poética. También los recién llegados impulsores del proyecto “Studio Vertijet” de Halle, Steffen Kroll y Kirsten Hoppert, combinan en sus diseños elementos lúdicos y analíticos. En 2010 la diseñadora textil Elisa Strozyk ganó la primera edición del Premio Alemán de Diseño para jóvenes talentos.