La guía cultural australiana “Lonely Planet” sitúa en su edición especial “Best in Travel 2010” a Alemania en segunda posición entre todos los destinos de viaje del mundo. Por su gran diversidad y su capacidad de transformación, y porque es un país en el que la historia se palpa a cada paso, sobre todo en Berlín. Y se podrían añadir otras muchas razones por las que merece la pena una visita: la modernidad del país, su espíritu abierto, la calidad de vida y la buena relación calidad-precio, la diversidad multinacional y la creatividad con la cual Alemania a la vez renueva y conserva su identidad cultural. Por doquier se aprecia hoy un desenvuelto desenfado y una curiosidad cosmopolita.
Por ejemplo en la alimentación. Naturalmente que siguen vivas las recias cocinas regionales, esos sabrosos manjares de la tierra inseparables de los paisajes y paisanajes: el asado de cerdo con almojábanas típico de Baviera o las costillas con chucrut de Hesse. Pero al mismo tiempo la cocina alemana se ha abierto a infinidad de nuevas influencias. Es más variada, saludable, ligera y creativa. La Gault Millau concedió el título de “cocinero del año 2010” a Wahabi Nouri, que está al frente de los fogones del “Piment” en Hamburgo. Nacido en Marruecos y criado en Alemania, este cocinero está considerado un maestro de los aromas capaz de deleitar a sus huéspedes con sabores inéditos. Su propuesta cala, porque el paladar de los alemanes es de los más internacionalizados de Europa: según una encuesta del Instituto Allensbach, cuando salen a comer fuera de casa, más de la mitad de los alemanes prefieren las cocinas extranjeras, con la italiana, la china y la griega a la cabeza. En las grandes ciudades proliferan las tiendas de comestibles internacionales, donde clientes de todo el mundo encuentran un completo surtido de productos de su tierra.
Otra tendencia es la comida sana: en 2008 se facturaron en Alemania 5.800 millones de euros con alimentos ecológicos. Los biosupermercados conjugan aquello que los alemanes valoran cada vez más, a saber, el deleite y la responsabilidad, el estilo de vida y la buena conciencia. También los supermercados convencionales, los mercados semanales y el comercio minorista ofrecen una amplia gama de productos ecológicos de calidad.