Arquitectura sostenible

El nuevo edificio emblemático de Hamburgo: la Filarmónica del Elba, proyectada por el estudio arquitectónico suizo Herzog & de Meuron.
El nuevo edificio emblemático de Hamburgo: la Filarmónica del Elba, proyectada por el estudio arquitectónico suizo Herzog & de Meuron. dpa/Ralph Goldmann
La arquitectura alemana se caracteriza por su racionalidad y precisión. Pero con el auge de la arquitectura ecológica surge también una nueva emocionalidad y levedad.

Las inversiones públicas y privadas en Alemania alcanzan aproximadamente el mismo volumen que el presupuesto alemán. Unos 300.000 millones de euros son gastados anualmente en obras nuevas o modernizaciones. Cinco sextas partes se destinan a construcciones mayoritariamente sobre el nivel del suelo. No puede extrañar, entonces, que en Alemania exista un sector arquitectónico polifacético. La gama estilística va desde vastos modernos proyectos de expansión urbana, como el nuevo barrio Hafen City, en Hamburgo, hasta reconstrucciones históricas, como la reedificación del Palacio Real en Berlín y la recuperación del casco urbano antiguo de Fráncfort del Meno.

En la variedad pueden reconocerse, sin embargo, algunas corrientes principales, que marcan la arquitectura actual en Alemania. La reputación de Alemania como país de ingenieros tiene sus raíces en el plano conceptual. También 100 años después de la fundación de la Bauhaus, la forja arquitectónica y de diseño de la modernidad clásica, que en 2019 celebra su gran aniversario, los arquitectos alemanes están considerados más precisos y prácticos que amantes de la forma. En la era de las esculturas arquitectónicas generadas con la computadora, los arquitectos alemanes son estimados también en otros países justamente por esa actitud y por su fiabilidad.

Estéticamente, esa aproximación racional al diseño se expresa o bien en el espíritu de la modernidad, con líneas abstractas y elegantes, particularmente en la construcción de viviendas y oficinas, o bien en grandes proyectos tecnoides, como, por ejemplo, los que desarrollan los estudios Christoph Ingenhoven en Düsseldorf y GMP, en Hamburgo. Con esa propuesta de construcciones sensatas, numerosos estudios arquitectónicos alemanes tienen éxito en todo el mundo, construyendo estadios, infraestructura de transporte, centros culturales y rascacielos. Entre ellos se cuenta, por ejemplo, Albert Speer júnior, KSP Jürgen Engel, Henn Arquitectos y Barkow Leibinger. A ello se agrega una característica esencial, que se impuso en Alemania ya muy tempranamente: para los arquitectos alemanes, desde el cambio de milenio, la optimización ecológica de las obras es un sobreentendido en el proceso de diseño.

Nuevas formas lúdicas

En los últimos 20 años, estudios arquitectónicos de renombre internacional, tales como Sauerbruch & Hutton (Berlín), Behnisch Arquitectos (Stuttgart), Hadi Teherani (Hamburgo), Allmann Sattler Wappner (Múnich) y Schneider + Schumacher (Fráncfort), no solo desarrollaron convincentes procedimientos de construcción y técnica de edificios con los que es posible ahorrar recursos y energía. El esmero en el manejo de los aspectos ecológicos llevó también a una nueva levedad en las formas. Elegantes composiciones de color, tanto en las fachadas como en los interiores, reemplazaron las superficies en blanco y negro predominantes en la modernidad. Los ángulos rectos se transformaron en formas más emocionales. Y el entusiasmo pasó a estar en el foco como categoría de sostenibilidad, de acuerdo con la consigna de Matthias Sauerbruch (Sauerbruch & Hutton): “La arquitectura solo puede ser ecológica si las personas desarrollan y cultivan una relación con su casa. Para la sostenibilidad, lo central es por lo tanto proyectar una casa que sea amada”.

Con esa nueva identificación emocional trabajan hoy muchos arquitectos con orientación artística. El estudio Lederer Ragnarsdóttir Oei, de Stuttgart, desarrolló una arquitectura lírica de ladrillo a la vista que evoca un expresionismo con formas femeninas. Ole Scheeren, que junto con el arquitecto estrella neerlandés Rem Koolhaas diseñó el edificio con forma de bucle para la teledifusora china CCTV en Pekín, proyecta edificios con toques de humor, como, por ejemplo, un rascacielos en Bangkok en el que algunas partes parecen haberse desmoronado. Con singulares proyectos, Peter Haimerl, un arquitecto con predilección por el hormigón, transforma antiguas casas rurales y centros de aldeas en sitios culturales.

Espíritu abierto a influencias internacionales

Esas corrientes en la arquitectura alemana son parte de un espíritu abierto europeo, que también se manifiesta en el gran número de arquitectos estrella internacionales que trabajan en edificios claves en Alemania. La Filarmónica del Elba (Elbphilharmonie) fue proyectada por el estudio arquitectónico suizo Herzog & de Meuron, que también proyectó el Museo del Siglo XX, en Berlín. El Neues Museum, también en Berlín, en el que desde 2009 es admirado el busto de Nofretete, fue remodelado por el inglés David Chipperfield. Arquitectos norteamericanos y europeos construyen edificios en el centro de Fráncfort. Del “top 100” de estudios arquitectónicos internacionales, la mayoría han construido por lo menos un edificio en Alemania.

Los mayores desafíos en la arquitectura alemana se hallan actualmente, sin embargo, en la construcción de viviendas, sector que absorbe más de mitad de las inversiones en construcciones en el país. La situación en el mercado de viviendas se ha visto últimamente agudizada por la llegada de cientos de miles de refugiados. El acceso a viviendas pagables en las grandes aglomeraciones urbanas se ha transformado en una complicada tarea. Para no solucionar el problema con ciudades satélites en las afueras, los municipios han optado por la densificación edilicia en las propias urbes. Los arquitectos alemanes han demostrado poseer una gran creatividad para la solución de esos desafíos, por ejemplo, con un plan para un nuevo gran conjunto edilicio en Berlín que toma como modelo los barrios históricos de fines del siglo XIX. La mayoría de los arquitectos concuerda en que la calidad de vida en la ciudad aumenta cuando el trabajo y la vivienda, las posibilidades de compras y las ofertas de tiempo libre se hallan en estrecha interrelación. Solo así es posible que surjan barrios variados y vivos. Implementar exitosamente ese enfoque con los altos precios actuales de los inmuebles en las ciudades será la tarea central de los próximos años para arquitectos y urbanistas.

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