La fundación del Imperio

picture-alliance/akg-images
El final de la cuestión alemana – retrospectiva de un largo camino hacia Occidente: 1871 La fundación del Imperio.

Empero, en los años sesenta del siglo XIX la decisión en favor de la primacía de la unidad sobre la libertad también caería en Alemania. Ello fue resultado de aquella “revolución desde arriba” con la cual el jefe del gobierno prusiano, Otto von Bismarck (1815–1898), zanjó a su manera la cuestión alemana. La cuestión del poder político interno la resolvió a través del conflicto constitucional prusiano de los años 1862 a 1866 en favor del ejecutivo y contra el Parlamento; la cuestión del poder político externo se resolvió por la guerra de 1866 en el sentido de la “pequeña Alemania”, es decir, con exclusión de Austria, y en la guerra franco-alemana de 1870/1871 contra la potencia que hasta entonces había interpuesto su veto a la fundación de un Estado nacional alemán, a saber, la Francia de Napoleón III. 

Fue así como se alcanzó uno de los objetivos de la Revolución de Marzo de 1848: la unidad. Sin embargo, la demanda de libertad, entendiendo por tal sobre todo un gobierno responsable ante el Parlamento, no se vio cumplida. Bismarck no hubiera podido solucionar la cuestión de la libertad conforme a las pretensiones liberales ni siquiera en el supuesto de que esa hubiera sido su intención: una parlamentarización no solo contradecía los intereses de los estratos sustentadores de la vieja Prusia – su dinastía, su ejército, sus latifundistas, su alto funcionariado –, sino también los intereses de los demás Estados alemanes. A ellos correspondía, a través del Consejo Federal (Bundesrat), una participación esencial en el poder ejecutivo del Imperio Alemán, y no querían renunciar a ese poder en favor del Reichstag.

El Reichstag (Dieta Imperial) era elegido por sufragio universal e igual, en el que participaban todos los varones mayores de 25 años. Ello respondía a las disposiciones de la Constitución Imperial de 1849, que nunca llegó a entrar en vigor, y confería a los alemanes más derechos democráticos de los que disfrutaban en aquella época los ciudadanos de monarquías liberales ejemplares como Gran Bretaña o Bélgica. Por consiguiente, puede hablarse de una democratización parcial de Alemania en el siglo XIX o de una democratización asincrónica: El derecho de sufragio se democratizó relativamente pronto, en tanto que el sistema de gobierno en sentido estricto tardó lo suyo en democratizarse.

Heinrich August Winkler

Related content