La transición energética

Parques eólicos offshore en el Mar del Norte son pilares de la transformación energética
Parques eólicos offshore en el Mar del Norte son pilares de la transformación energética Krisztian Bocsi/Bloomberg via Getty Images
Alemania fomenta las energías renovables ya desde los años 1990. La transición energética tiene como objetivo un abastecimiento basado mayormente en energías de bajo impacto ambiental.

La transición energética es el proyecto económico y ambiental más importante de Alemania. Por transición energética se entiende la transformación de una economía energética basada en el petróleo, el carbón, el gas y la energía atómica en una basada en energías renovables. Se aspira a que hasta a más tardar en 2050, por lo menos el 80 por ciento del abastecimiento de electricidad y el 60 por ciento de todo el abastecimiento energético en Alemania provenga de energías renovables. Hasta el 2022 serán apagadas sucesivamente todas las centrales atómicas. Desde mediados de 2017 funcionan solo siete centrales atómicas, que generan algo más del 10 por ciento del mix energético. El Gobierno federal alemán continúa así con la reestructuración sostenible del sistema energético, iniciado ya en el año 2000 con la primera resolución sobre el abandono de la energía atómica y el fomento de la ley de energías renovables. El apoyo a las energías renovables comenzó en Alemania ya en los años 1990; en el 2000 fue redoblado con la Ley de Energías Renovables.

Abandono de la energía atómica, 
planeado a largo plazo

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También en el año 2000, el Gobierno federal acordó con las empresas energéticas el abandono de la energía atómica hasta el año 2022. Las resoluciones del Gobierno alemán de 2011 en relación con la transición energética forman parte de una tradición de conversión del abastecimiento energético con miras al uso de fuentes sostenibles. El sistema energético alemán comenzó a ser transformado aceleradamente en 2011, luego de la catástrofe atómica de Fukushima, Japón, a partir de una resolución del Bundestag Alemán y con el explícito apoyo de una gran mayoría de la población. Para el Gobierno alemán es “un paso necesario en la senda hacia una sociedad industrial comprometida con la idea de la sostenibilidad y la conservación de la naturaleza”.

No solo el medio ambiente y el clima se ­beneficiarán de la transición energética, sino también la economía alemana. Particularmente se aspira a reducir la dependencia de las importaciones de petróleo y gas natural. Alemania importa hasta ahora carbón, petróleo y gas natural por unos 45.000 millones de euros anuales. Esa suma será sustituida paulatinamente en los próximos años por creación de valor nacional en el área de las energías renovables. Además, se abren nuevas posibilidades de exportación y de creación de puestos de trabajo. Otra tarea central es fortalecer el “segundo pilar” de la transición energética: un uso más ahorrativo y eficiente de la energía.

En la industria se han logrado ya importantes ahorros, los estándares son altos. Aún debe mejorarse la situación en las pequeñas empresas y los inmuebles públicos. Una particular importancia para el aumento de la eficiencia energética tiene sobre todo la modernización energética de edificios antiguos, apoyada por el Gobierno federal. En los edificios es generado aproximadamente el 40 por ciento de las emisiones de anhídrido carbónico. También es necesario seguir reduciendo el consumo de electricidad: para una disminución del 10 por ciento hasta el año 2020, como está previsto en el Plan Energético original, es necesario realizar aún más esfuerzos.

El objetivo de la transición energética no es solo minimizar el riesgo, sino también reducir el impacto ambiental y asegurar el abastecimiento. Con la dinámica expansión de las energías renovables se logró aumentar considerablemente el porcentaje de energía libre de anhídrido carbónico en el mix energético. La corriente ecológica tuvo en 2017 una participación del 33,1 por ciento. En días laborales soleados, la fotovoltaica y la energía eólica pueden cubrir, en sus picos de generación energética, hasta un 90 por ciento de la demanda de electricidad en Alemania. Más del 60 por ciento de todos los edificios de viviendas nuevos son calefaccionados ya con energías renovables. A fines de 2017 había 1,6 millones de instalaciones 
fotovoltaicas, con una potencia nominal 
de aproximadamente 43 gigavatios. Con esa potencia instalada, Alemania ocupa el tercer lugar, después de China y Japón.

La Ley de Energías Renovables como ­modelo internacional

La Ley de Energías Renovables (EEG) es vista como modelo en muchos países. En 2014 fue modificada, con el objetivo de asegurar que la energía permaneciera pagable y segura. La “contribución EEG”, que distribuye los mayores costos de la expansión de la energía ecológica proporcionalmente entre los consumidores, había aumentado considerablemente a partir de 2009 debido a la expansión de las instalaciones solares y una nueva forma de cálculo. Eso desató una fuerte discusión ­pública acerca de los costos de la corriente ecológica y la transición energética. La contribución se redujo en 2015, por primera vez. El Gobierno alemán trabaja, además, en un nuevo diseño del mercado de la electricidad, con el objetivo de asegurar la estabilidad del abastecimiento a pesar de crecientes volúmenes de corriente eólica y solar. En el foco está asegurar la disponibilidad de centrales eléctricas de gas. Estas son utilizables flexiblemente y emiten considerablemente menos anhídrido carbónico que las de carbón.

La transición energética no solo exige la construcción de nuevas centrales “verdes”. Para garantizar el abastecimiento, también las redes de distribución deben adecuarse a la nueva estructura de generación energética. Para eso está planeado construir varios cientos de kilómetros de “autopistas eléctricas”. La electricidad de fuentes eólicas, generada sobre todo en el norte de Alemania, podrá así salvar grandes distancias y llegar sin grandes pérdidas hasta los centros económicos y de fuerte consumo energético del sur del país. El plan original, de construir líneas aéreas, fue descartado, luego de fuertes protestas de la población potencialmente afectada. En 2015, el Gobierno alemán aprobó tender los cables de transporte de energía bajo tierra. Por ello, las “autopistas eléctricas” entrarán en funcionamiento no en 2022, como estaba originalmente previsto, sino en 2025. Además, también la capacidad de las redes regionales deberá ser ampliada, para poder transportar también sin problemas la energía solar generada en forma descentralizada.

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