Posiciones abiertas al mundo

Un gran éxito fue la puesta en escena de “Common Ground” por parte de Yael Ronen en el Teatro Máximo Gorki
Un gran éxito fue la puesta en escena de “Common Ground” por parte de Yael Ronen en el Teatro Máximo Gorki picture-alliance/Eventpress Hoensch
Escritores y artistas con pasado migratorio muestran vibrantes fusiones y nuevas perspectivas dentro de la sociedad.

En la sociedad alemana, basada en el pluralismo, no puede haber una tendencia cultural que domine a todas las demás ni tampoco una metrópoli que deje en las sombras a todas las otras. Reforzadas por la estructura federal, en Alemania existen una simultaneidad de lo no simultáneo y las más diversas, incluso contradictorias tendencias en el teatro, el cine, la música, las artes plásticas y la literatura, que en parte compiten entre sí.

dpa/Stephanie Pilick

Una clara tendencia se registra en el teatro: el número de estrenos de obras de autores contemporáneos ha aumentado enormemente en los últimos tiempos. En ellos se refleja la amplia y diversa gama de las formas teatrales contemporáneas, en las que el teatro tradicional se combina con pantomima, danza, vídeo, representaciones de legos y música, conformando a menudo un suceso escénico posdramático con rasgos de performance. La variedad, tal como puede verse manifiestamente en el festival “Berliner Theatertreffen”, que tiene lugar todos los años en mayo, es la respuesta polifónica a cuestiones que plantea una compleja y enmarañada realidad.

Paralelamente a esa corriente principal sostenida y apoyada por la mayoría de la sociedad surge algo nuevo, que de las márgenes penetra en la cultura teatral libre, pero también en la tradicional. “Posmigratorio” es la palabra ­clave de ese fenómeno contemporáneo, que ­define a Alemania como una sociedad de inmigración y que es visible en muchas ciudades, particularmente en Berlín. Millones de alemanes con ascendencia migratoria que viven en segunda y tercera generación en Alemania cuentan sobre sí mismos, sus padres y abuelos otras historias que las de los ciudadanos cuyas familias están asentadas en Alemania desde hace siglos. Ya hayan nacido en Alemania o no, esos descendientes de inmigrantes por lo general no están marcados por experiencias concretas de migración, pero sí por la experiencia de la hibridez cultural. Esa vida en diferentes culturas simultáneamente genera nuevas formas de discurso artístico sobre la sociedad y refleja las actuales líneas de conflicto, de negociación de derechos, de pertenencia y de participación. Surgen nuevas narrativas, que impulsan el desarrollo de una renovada imagen propia de la sociedad y marcan profundamente la percepción cultural de Alemania en el exterior.

Un faro de esa producción artística que celebra la transculturalidad está considerado el “Postmigrantisches Theater” de Shermin Langhoff, en el Teatro Maxim Gorki. Sus ­escenificaciones alcanzan, más allá del tradicional público teatral, sobre todo a jóvenes, reflejando un proceso complejo, que permanentemente se desarrolla y evoluciona, adquiriendo diferentes facetas. El Teatro Gorki fue invitado al festival Berliner Theater­treffen con la pieza “Common Ground”, que analiza la Guerra de los Balcanes, puesta en escena por la directora israelí Yael Ronen. El teatro asume ahora lo que sucede ya desde hace tiempo en la música pop y la literatura. También allí, biografías de artistas reflejan la diversidad social e interesantes fusiones de diversas corrientes estilísticas ofrecen nuevas perspectivas. En el pop, los más diversos estilos musicales internacionales (balcan beat, sound afroamericano, rock turco, hip hop estadounidense) son combinados experimentalmente con influencias o fenómenos electrónicos considerados “típicamente alemanes”. Como en otros países, el rap asume en ese contexto un papel de identificación para los jóvenes de familias de inmigrantes.

Los temas posmigratorios desempeñan un papel central en la literatura contemporánea

Importantes autoras y autores con un pasado migratorio, tales como Navid Kermani, que en 2015 recibió el Premio de la Paz de los Editores y Libreros Alemanes, uno de los premios culturales más importantes de Alemania; Katia Petrovskaia, Sherko Fatah, ­Nino Haratishvili, Saša Stanišić, Feridun Zaimoglu y Alina Bronsky, por nombrar solo a algunos, se cuentan desde hace muchos años entre los autores germanohablantes más exitosos. Sus libros, que reflejan, entre otros, un pasado de experiencias, por ejemplo iraníes, rusas y turcas, son leídos por un vasto público y su literatura lleva a la sociedad sus respectivos temas propios y la experiencia migratoria.

Algo similar vale para los directores de cine Fatih Akin y Bora Dagtekin, que lúdicamente hacen chocar los mundos y clichés culturales. La imagen de Alemania que surge ­entonces y es reflejada en diversos niveles es a veces caótica y contradictoria. La sociedad debe aprender a soportar esas ambivalencias y tensiones, las artes lo reflejan y ofrecen superficies de juego para zanjar pacíficamente conflictos. La Alemania posmigratoria no es necesariamente cómoda, pero sí interesante y dinámica.

Abiertas al mundo e internacionales son también las artes plásticas en Alemania. Así lo demuestran las cifras de nuevos estudiantes en las academias alemanas de arte: en 2013, el número de matriculaciones de estudiantes extranjeros en ellas superó por primera vez a las de estudiantes alemanes. Berlín, con sus aproximadamente 500 galerías y sus muchos espacios libres abiertos para diferentes posiciones artísticas, está considerada la metrópoli del arte joven de hoy y el mayor taller de arte contemporáneo. Eso queda documentado también ­cada dos años en la Bienal de Venecia: muchos de los artistas que exponen allí residen en Berlín.

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