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Medio ambiente & Clima

La transición energética

Alemania fomenta las energías renovables desde los años 1990. La transición energética tiene como meta un abastecimiento basado en energías de bajo impacto ambiental.
Generationenprojekt Energiewende
© Oskar/stock.adobe.com

La transición energética es la tarea económica y ambiental más importante de Alemania. Por transición energética se entiende la transformación de una economía energética basada en el petróleo, el carbón, el gas y la energía atómica en una basada en energías renovables. El objetivo de Alemania es lograr mayormente la neutralidad climática hasta el 2045. Se aspira a que ese año, por lo menos el 80 por ciento del abastecimiento de electricidad y el 60 por ciento de todo el abastecimiento energético en Alemania provengan de energías renovables. Hasta el 2022 serán apagadas sucesivamente todas las centrales atómicas. Desde 2019 funcionan solo seis centrales atómicas.

El Gobierno federal alemán continúa así con la reestructuración sostenible del sistema energético, iniciada ya en el año 2000, con la primera resolución sobre el abandono de la energía atómica y la promulgación de la Ley de Energías Renovables. El apoyo a las energías renovables comenzó en Alemania ya en los años 1990; en el 2000 fue redoblado con la Ley de Energías Renovables.

Reducir la dependencia de importaciones

También en el año 2000, el Gobierno federal acordó con las empresas energéticas abandonar la energía atómica hasta el año 2022. Las resoluciones del Gobierno alemán de 2011 en relación con la transición energética forman parte de una tradición de conversión del abastecimiento energético con miras al uso de fuentes sostenibles. El sistema energético alemán comenzó a ser transformado aceleradamente en 2011, luego de la catástrofe atómica de Fukushima, Japón, a partir de una resolución del Bundestag Alemán y con el explícito apoyo de una gran mayoría de la población. Para el Gobierno alemán es “un paso necesario en la senda hacia una sociedad industrial comprometida con la idea de la sostenibilidad y la conservación de la naturaleza”.

Pero no solo el medio ambiente y el clima se beneficiarán de la transición energética, sino también la economía alemana. Particularmente se aspira a reducir la dependencia de las importaciones de petróleo y gas natural. Alemania importa hasta ahora carbón, petróleo y gas natural por unos 45.000 millones de euros anuales. Esa suma será sustituida paulatinamente en los próximos años por creación de valor nacional en el área de las energías renovables. Además, con esas medidas se abren nuevas posibilidades de exportación y de creación de puestos de trabajo.

Un uso más eficiente de la energía

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Otra tarea central es fortalecer el “segundo pilar” de la transición energética: un uso más ahorrativo y eficiente de la energía. A fines de 2019, el gobierno alemán aprobó la Estrategia de Eficiencia Energética 2050 (EffSTRA). El objetivo es reducir hasta 2030 el consumo de energía primaria en un 30 por ciento en comparación con 2008. Junto con asociaciones empresariales y grupos de la sociedad civil, los estados federados y representantes de la comunidad científica analizan las formas de reducir el consumo a la mitad hasta el año 2050 y desarrollan planes concretos para los periodos hasta 2030 y 2050.

En la industria y grandes empresas comerciales se han logrado ya importantes ahorros, los estándares son altos. Aún debe mejorarse la situación en las pequeñas empresas y los inmuebles públicos. Una particular importancia para el aumento de la eficiencia energética tiene, sobre todo, la modernización energética de edificios antiguos, apoyada por el Gobierno federal. En los edificios es generado aproximadamente el 30 por ciento de las emisiones de anhídrido carbónico.

Protección del clima: primera ley vinculante en el mundo

Por ello, en el Programa de Protección del Clima del Gobierno alemán, aprobado a fines de 2019 y revisado en 2021, se fijan límites máximos para las emisiones en edificios y otras áreas. Además, la Ley de Protección del Clima prevé un precio fijo para las emisiones de dióxido de carbono del transporte y los edificios. Ello ya se aplicaba, en el marco del comercio europeo de emisiones, al sector energético y la industria de uso intensivo de energía. El precio es inicialmente de 25 euros por tonelada de CO2 a partir de enero de 2021. Para 2025 aumentará gradualmente a 55 euros. El programa de protección del clima tiene como meta alcanzar el Objetivo Climático 2030: un 65 por ciento menos de emisiones de gases de efecto invernadero en comparación con 1990. El Gobierno alemán es el primer Gobierno del mundo que, con la Ley de Protección del Clima, ha definido un objetivo nacional vinculante de protección del clima.

El objetivo de la transición energética no es solo minimizar el riesgo, sino también reducir el impacto sobre el clima y asegurar el abastecimiento. Con la dinámica expansión de las energías renovables se logró aumentar considerablemente el porcentaje de energía libre de anhídrido carbónico en el mix energético. La corriente ecológica tuvo en 2019 una participación del 42,1 por ciento. Dependiendo de las condiciones del tiempo atmosférico, las energías fotovoltaica y eólica pueden cubrir, en sus picos de generación energética, hasta un 90 por ciento de la demanda de electricidad en Alemania. Más del 66 por ciento de los edificios de viviendas nuevos son calefaccionados ya con energías renovables. A fines de 2020 había 1,7 millones de instalaciones fotovoltaicas, con una potencia nominal de aproximadamente 49,5 gigavatios. Con esa potencia instalada, Alemania ocupa el tercer lugar en el mundo, después de China y Japón.

La Ley de Energías Renovables como ¬modelo internacional

La Ley de Energías Renovables (EEG) es vista como modelo en muchos países. En 2014 fue modificada, con el objetivo de asegurar que la energía permaneciera pagable y segura. La “contribución EEG”, que distribuye los mayores costos de la expansión de la energía ecológica proporcionalmente entre los consumidores, había aumentado considerablemente a partir de 2009 debido a la expansión de las instalaciones solares y una nueva forma de cálculo. Eso desató una fuerte discusión pública acerca de los costos de la corriente ecológica y la transición energética. Desde 2014, la contribución EEG se mantiene relativamente constante: entre seis y siete centavos por kilovatio hora, con ligeras fluctuaciones.

El Gobierno alemán trabaja, además, en un nuevo diseño del mercado de la electricidad, con el objetivo de asegurar la estabilidad del abastecimiento, a pesar de crecientes volúmenes de corriente eólica y solar. En el foco está asegurar la disponibilidad de centrales eléctricas de gas. Estas son utilizables flexiblemente y emiten mucho menos anhídrido carbónico que las de carbón.

La transición energética no solo exige la construcción de nuevas centrales “verdes”. Para garantizar el abastecimiento, también las redes de distribución deben adecuarse a la nueva estructura de generación energética. Por ello está planeado construir varios cientos de kilómetros de “autopistas eléctricas”. La electricidad de fuentes eólicas, generada sobre todo en el norte de Alemania, podrá salvar así grandes distancias y llegar sin grandes pérdidas hasta los centros económicos y de fuerte consumo energético del sur del país. El plan original, de construir líneas aéreas, fue descartado, luego de fuertes protestas de la población potencialmente afectada. En 2015, el Gobierno alemán aprobó tender los cables de transporte de energía bajo tierra. Por ello, las “autopistas eléctricas” entrarán en funcionamiento no en 2022, como estaba originalmente previsto, sino en 2025 como más temprano. Además, también la capacidad de las redes regionales deberá ser ampliada, para poder transportar también sin problemas la energía solar generada en forma descentralizada.